24 febrero 2008

Mediodía

Hasta ese día habían sido siempre las mismas palabras, los mismos silencios repetidos.
Las mismas caras y los mismos ojos que simulaban mirar a otro lado, mientras el corazón latía, y la sangre se agolpaba toda junta en el centro del alma.

Mientras lavaba los platos intentaba no escuchar, intentaba no pensar y evitar las lágrimas, esas lágrimas que nunca había querido mostrar... porque esa no era su pelea, no, no lo era. Inútilmente se repetía a ella misma "silencio, no escuches, no importa"... sabiendo que por encima de esos pensamientos desbordaban las palabras, hirientes, como flechas que desgarraban los cuerpos de quienes las escucharan. Seguía lavando, rogando que no le tocara, porque nunca había una respuesta, esa no era su pelea... era de él y del mundo; no de ella ni de aquellos otros, solo de él y su mundo que siempre pendía del mismo hilo demasiado fino.

Siempre había sido así, todos habitaban ese equilibrio vertiginoso, pero nunca caían, nunca había un stop, un final. Era la eterna repetición de lo mismo, las mismas situaciones, las mismas lágrimas, los mismos gritos, los mismos silencios y el mismo miedo. Ese miedo reinante, que no dejaba pensar, que bloqueaba los sentidos; lo había odiado desde pequeña. Años y años acarreando los mismos defectos sin poder corregirlos, porque eran más fuertes que la mente, se impregnaban en las mismísimas células y no se desprendían; no importaba lo que pasara, nunca iban a desprenderse. Sólo quedaba esperar, y suponer que el tiempo curaría aquellos cuerpos desagarrados de sentir, desgarrados de oír y callar.

Terminó de lavar y se quedó parada unos segundos en silencio, escuchando, pero no escuchaba nada, solo un murmullo. Sintió una gran angustia en el alma, pensando que a veces no sabía que era peor... si escuchar las palabras, o sólo sentir ese silencio desesperante. Comenzó a secar los platos, los guardó, barrió el piso, cerró las cortinas, apagó las luces y salió, con un último pensamiento en la mente: "Esta vida va a unirnos, o nos va a separar para siempre"...

1 comentario:

· Lord of the Depths · dijo...

Bueno, paso a intentar entender: lo que describís me hace recordar las eternas peleas entre mis viejos, en las cuales yo trataba de no involucrarme, porque ambos se cansaban de decirme que no eran culpa mía, pese a que en la práctica me hacían sentir totalmente lo contrario.

Más de una vez me he preguntado si el silencio en medio de la tormenta no es solamente un indicador de que, finalmente, ya no queda nada.

La frase entrecomillada al final me recuerda a algo que yo había escrito... Decía algo así como "la muerte nos ha separado, pero pronto no hará otra cosa sino unirnos".

Me gustó el texto.

Te mando un beso =)


Agustín