05 septiembre 2010

Nata: durísimo...
Maru: y si.
Nata: pero... ¿Qué persona de 65 años con un buen laburo, esposa e hijos se suicida?
Maru: una que no es feliz.
Nata: pero...

Es tan extraño, tan curioso, una persona que elige un día para morirse... y ese día se levanta e igualmente hace la cama como si importara. Saluda a su esposa, le dice buen día y le da un beso, sin que ella sepa que ese es uno de los últimos besos que le va a dar, y después ella le pregunta qué le gustaría cenar a la noche, y él responde que fideos pero con salsa mixta, como para rellenar esos huecos con situaciones que después te van a destrozar el alma.
Un poco más tarde despierta a los hijos como siempre, para que vayan al colegio, y desayuna con ellos, como si fuera a utilizar esa energía para algo. Y cuando el más chico le pregunta si los va a llevar a navegar el fin de semana le responde que si, que si hace buen tiempo si. Después se despide de ellos, con un beso, un 'dale que llegan tarde', un beso a su mujer, y nada más.
Ya solo en la casa, lava las tazas, como si sirviera de algo en ese preciso momento. Y cuelga la ropa en la soga, al sol para que se seque, como si eso fuera lo importante en ese momento. Por último se pone la ropa de todos los días, ni la mejor, ni la peor, la de todos los días, la de ir a trabajar, pero no va a ningún lado...

Y más tarde cuando la esposa vuelve a la casa con los hijos, ya no importa si la cama está hecha, o los platos lavados, o la ropa seca. Y esa noche nadie cena, y ese fin de semana nadie va a navegar. ¿Y qué nos queda? el vacío y la impotencia... el pensamiento resonante de 'si hubiéramos sabido'.

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