18 mayo 2012

Destripando a Natalia V


Viejas inquietudes: 
Cuando miro por la ventanilla del tren a la gente, entiendo que todos forman parte del mismo engranaje, todos giran y alimentan el mismo movimiento frívolo, vacío de significados. Durante muchos años me dio miedo formar parte de esa máquina de repeticiones, ser una pieza más 'única e indispensable' en su funcionamiento... temí ser tan igual a todos, tan exactamente igual al resto de la gente. Temí que todos fuéramos lo mismo, que no hubiera diferencia, que estuviéramos condenados a la eternidad de la idiotez, a perpetuar un sinsentido. Temí sentirme siempre diferente, descolocada, obsoleta; y sufrí pensando en la idea de tener otro ritmo, de no encajar en la marcha del mundo y estancarme para siempre en la quietud...  
Entonces me aparté del monstruo, desprendí mi humanidad del artefacto esperando una revelación, pero no pasó nada. Me desesperé al entender que ocupaba un lugar ineludible en un mundo tan prosaico, tan igual, tan como todos los mundos; me lastimé con mi descubrimiento y me hundí en la decepción de no encontrar una solución ni una manera de hacer que funcionara, alguna forma de insertarme en la máquina y alimentar su movimiento...

1 comentario:

Rocío Ricci dijo...

Muchas veces pensé que es necesario estar ahí, en el medio de lo obvio, para mostrar que ser obvio no es la única posibilidad de ser.