19 septiembre 2017

Sintaxis

Nunca me quedo sin palabras 
para rasgarte el cuerpo, 
para cerrarte los ojos;
y aún así, 
heme aquí en este desierto 
de vocales y consonantes
donde nada te toca,
donde nada te sumerge, 
en el océano de sal
en que se han convertido
las noches del mundo.

Una colección 
de silencios oídos y de gritos callados,
conjuntos de elementos
sin ninguna importancia.
Vaya autonomía de significado,
siempre tan, tan sola,
habitando mis propias construcciones,
que no tienen más que prisa,
por entrar o salir de las ruinas de esta casa
construida o destruida en los suburbios
de un anhelo
siempre sediento
de sangre, de carne, de fuego.

Si habré malgastado ganzúas y llaves viejas,
para colarme
en los lugares prohibidos de la memoria,
mientras los alcoholes van quemando
las tripas de los dioses, los mitos, las epopeyas
las falacias,
los razonamientos inválidos...
porque la verdad de las premisas,
no garantiza la verdad de la conclusión.