22 febrero 2017

Un cúmulo de sonidos que marean,
el golpe en la sien putrefacta,
bienvenido al desierto de lo real.
A la calma que daña, al vacío repleto
a saberte extranjero en tu propia cabeza;
A la náusea de la noche insípida,
la taquicardia del desvelo soñando
cuando la certeza florece con espinas.
Tal vez ya sabías
cuál era el perfume de la ausencia,
pero cuando en un giro la noche se cierra
entre danzas de espectros inmóviles,
y te sorprende recitando premisas
ni verdaderas ni falsas,
en un soliloquio al patetismo,
estás allí, y aquí, y en ninguna parte
bailando, fantasmagórico,
como una ilusión para estos ojos tercos;
Y en el punto más álgido de la noche,
como una flor abandonada por el viento,
me diluyo en un mar que no existe.

14 febrero 2017

Aquel amor de altiplanicie

Henos aquí, contrapuestos,
tan lejos en nuestra cercanía;
compartiendo ese espacio que nunca nos une.
Mirándonos,
a través de abismos de bruma espesa;
atrincherados,
vos de tu lado y yo del mío.
El aire se compacta,
y siento que el mundo
gira a una velocidad muy lenta,
como si todo fuera cristalizándose
y apagándose en silencio.
La brutalidad de lo irresoluble,
siempre tan tajante,
que va labrando un hueco en el estómago y la garganta,
y te encierra,en habitaciones descoloridas, 
donde se descascaran las paredes 
hasta la afonía de gritar una plegaria 
sin sosiego.

13 febrero 2017

Los rostros en la noche

Me ataca el insomnio, habito mis abismos sonámbula, persiguiendo una quimera con los ojos ciegos. De madrugada, ausente y sin escape, no quiero sucumbir ante el horror de mi misma. 
Por momentos, abrirme es desangrarme, es exponerme a mi propio agujero negro. Y en algunas ocasiones, no abrirme es la asfixia de perderme frente a mi reflejo, de mirarme pero no reconocerme, de estar flotando en un vacío azul profundo que nunca se convierte en mar. 
Con los dedos de los pies dormidos y helados, me voy otra vez a alguna parte del recuerdo, a una página manchada con tinta, al sabor de la fruta madura, a los atardeceres en el campo. A esperar que salga el sol o que se apague para siempre, a vivir un nuevo día anestesiada de intuiciones; a esconderme en laberintos para no tenerme frente a frente y desangrarme.