16 diciembre 2015

(1)

PRIMER CAPÍTULO DE UN PROYECTO DE LIBRO ESTANCADO.
------------------------------------------------------------------------

Se pregunta si es escritor, pero sabe la respuesta. Aún así indaga en la diferencia entre ser escritor y ser otra cosa. Ser escritor a veces es un recurso elegante para conocer a una minita en un pub y llevársela a la cama... pero a la mañana siguiente se arrepiente de ser tan boca floja y de tener a una reventada abrazándole el cuerpo, pegajosa e indeseable.

Si viaja en avión, al momento del papeleo, en el casillero de "profesión" escribe "escritor"; Dice que es escritor porque escribe, pero sabe que escribe porque la sangre le llama a hacerlo, y no porque el rótulo amerite.  Se jacta de inteligente, pero roza la pedantería muy seguido... teme profundamente volverse un elegante, un estirado que se ahoga en su Martini con dos aceitunas mientras le explica a su audiencia de qué va su último libro; pero a la vez le atrae el personaje... después de todo, por eso se volvió escritor; por la fama, por las mujeres, por los discursos. Afortunadamente para él, desafortunadamente para nosotros, el pobre literato nació con una extrema facilidad para la palabra, hecho que gestiona la adopción de la etiqueta que él mismo se pega en la frente: la de "escritor". 
Lo conozco un día, en un pasillo de hospital. Yo estaba sentado en un banquito esperando los resultados de un análisis de rutina; y él, con la camisa  desprolija de la noche anterior, un pantalón de vestir y zapatos marrones, daba vueltas en círculos por el pasillo, yendo y viniendo trastornado vaya uno a saber por qué cuestiones.
Al recibir mis resultados, decidí bajar por las escaleras hasta el patio del hospital, fumar un cigarrillo y continuar con mi día. Una vez allí, cigarrillo encendido de por medio, me puse a hojear una revista de fotografía; estaba en la primera página cuando una voz interrumpió mi lectura silenciosa... era el escritor. 
- ¿Tenés fuego?- me preguntó.
- Si - contesté extendiéndole la mano con el encendedor.
Sacó del bolsillo un paquete aplastado de Parisiennes, estiró uno, lo encendió y se sentó a mi lado. Fumó dos pitadas largas, después me quedó mirando un rato como intentando empezar una conversación, mientras yo volvía a mi revista.
- En realidad yo no fumo... -me interrumpió, generándome una gran molestia, ya que no suelo interactuar con extraños. - Fumo ahora porque estoy impaciente. 
Sospeché que sería más fácil y cordial entablar un pequeño diálogo y retirarme, aunque el escritor generaba en mí una sensación de desprecio, como un perro pulguiento queriendo seguirme a casa. 
- ¿Cuál es el motivo de tu impaciencia? Indagué. 
Me miró fijamente, fumó la última pitada y revoleó la colilla del cigarrillo a unos pocos metros. Entonces dijo: "Se está muriendo alguien, y no sé cómo resolverlo..."
Dudé unos segundos, buscando las palabras adecuadas y contesté: - ¡Hombre! la muerte no es algo que se resuelva, simplemente llega y sucede, es algo inevitable. - 
- No es la muerte lo que quiero resolver... sino lo que implica esa muerte en la narración- respondió con la mirada perdida y haciendo girar levemente el dedo índice. 
Estaba confundido, no sabía si preguntar o callar; no entendía qué sentido tenía esa frase...  "la narración". Para mi sorpresa, el escritor interrumpió mis conjeturas cambiando su tono desahuciado por uno enérgico y vibrante. 
- El problema es el siguiente... mi padre está agonizando, y al venir a este hospital y ver que su muerte es inminente, me doy cuenta que Francisco también está muriendo. Lo de mi padre sí que es irremediable; cuando llega la hora, la gente muere. Pero lo de Francisco... representa un gran inconveniente...
- ¿Quién es Francisco? -me atreví a preguntar.
- Francisco es un hombre de unos veintiocho años, es nadador olímpico. Entrena desde los cinco años el deporte, y hace un año descubrió que tenía tumores en el tejido muscular... "Sarcoma de tejidos blandos" dicen que se llama. Entonces se está muriendo, pero no puede morirse hasta que yo resuelva qué hacer con su funeral.- 
Me sentía confundido; el escritor hablaba del tal Francisco como leyendo una ficha personal, y para empeorar las cosas, sostenía que el pobre "no podía morirse" hasta que él hiciera los arreglos funerarios... sentí que estaba en presencia de un demente, me levanté apurado para irme, pero el escritor me agarró del brazo y me detuvo. 
- ¡Esperá! no te vayas... necesito hacerte una pregunta. ¿De casualidad sabrías cuántos herrajes tiene un ataúd?. 
Horrorizado, sacudí mi brazo gritando -¡Suélteme viejo loco! No tengo idea de lo que me está preguntando y además...- El escritor me interrumpió pidiéndome que me calmara, que me sentara para que pudiera explicarme. 
- Tranquilo, soy escritor. Llevo tres años escribiendo una novela, y dos años intentando resolver si mato o no mato a Francisco, el nadador. Al principio me parecía absurdo matarlo, pero ahora me gusta la idea. El problema es que, en la novela, Francisco sólo se relaciona con cuatro personajes de manera más íntima... y he escuchado que los ataúdes suelen tener seis o siete herrajes; entonces no puedo matarlo hasta que resuelva el problema del servicio funerario... porque no me alcanzan las manos para llevar el ataúd. -Explicó. 
De repente me volvió la sangre al cuerpo. Si bien el escritor aún me parecía un maniático, era preferible que no dejara morir a un personaje en una novela por cuestiones técnicas, antes que estuviera especulando con la muerte de una persona... 
Pensé unos segundos y dije: - Pero... ¿no sería más sencillo escribir que el ataúd tiene cuatro herrajes?  solucionarías el problema y podrías matar al nadador. - 
- ¡Claro que no! -contestó el escritor algo colérico-  ¿Qué sentido tendría resolverlo tan fácilmente, qué clase de escritor sería si utilizara ese tipo de trucos?...
- Bueno... -Dije, levantándome del banco- entonces mande a hacer un ataúd a medida. Uno de esos como en las películas, de madera de cedro, cuatro herrajes y todo lo que se le ocurra... Tengo que irme, estoy llegando tarde. - 
El escritor se quedó sentado, estático, como buceando en los ríos de su cabeza en búsqueda de posibilidades para resolver el tema del muerto y los herrajes; y yo me fui, estirándole una mano cordial a modo de saludo, para el que no tuve respuesta.

08 diciembre 2015

Soliloquio IV

No hay presagio esta vez, sólo la noche y todo lo que impregna el silencio de tu nombre. Sin estrellas, ni colores en los sueños, sólo niebla, bruma de madrugada húmeda y larga; tinto en soliloquio y diciembre entremezclando anhelos. 
Como siempre, o como nunca antes, la sangre agolpada en la punta de los dedos; las imágenes y los olores de otra casa, las flores sin perfume, y el desorden de los cajones...  Luminiscencia, una estelita de vapor dibujada en la oscuridad y el frío en los dedos. La lejanía, el ruido sordo, el calor de la libertad; el fondo rojizo del vaso, las pupilas dilatadas y el ácido en las células.

08 septiembre 2015


A mi no me pregunten, ni me digan, ni me dejen. No me busquen, ni me expliquen las teorías de las leyes de atracción, oferta y demanda, tesis y antítesis. 
Prefiero que sea síntesis, siempre síntesis,  génesis, mutación, atracción; contradicción entre intuiciones y pulsiones. Querer más allá de la norma, abordar el barco hundido, muerte anunciada pero sin crónica, paracaídas cerrado. 
A mi no me pregunten por qué, no me expliquen cómo, ni me indiquen cuándo. 

09 mayo 2015

Margot

Les presento un personaje:

Diarios, Octubre 1997: 
"Yo no temo morir por lo que la muerte significa, ni siquiera por el horror al desdichado afiche de "Función Cancelada" en la puerta del teatro; ni por la familia que está lejos, o por romperle el corazón a algún extraño que se enamoró de mi cuando me escuchó cantar sobre el primer escenario.
Temo que el fuego verdoso del fondo del alma se apague, sin dejar rastro alguno en la madrugada; y que pasados los meses me encuentren, tirada en el suelo, pegada a la alfombra por la putrefacción. 
Y que nadie sepa más quién soy; que en las noticias figure mi nombre, Margot, junto a palabras desagradables que una a una vayan borrándole las vocales, luego las consonantes. Y convertirme en "esa pobre mujer que murió sola y estuvo meses pudriéndose en el suelo". 
Entonces ya nadie sabrá mi nombre, algo así como volverme un reflejo empañado en el espejo; la marquesina brillante apagada dos días por el luto.
Y no dejará de nevar en las altas cumbres porque yo me muera. Ni dejarán de transmitir la comedia de las 4. Alguna mujer encenderá una vela, y algún hombre abrazará con furia un salto de cama amarillo pálido. Pero el mundo seguirá siendo el mismo. 
Y yo, convertida en un recuerdo líquido, me iré evaporando o filtrando, como una canilla que gotea y pierde el agua, hasta estar vacía, vacía y olvidada por toda la eternidad.
Que espanto."

22 abril 2015

Fueguitos


Y es que tal vez, con mis palabras, le revolví una intimidad que él creía ya enterrada; una chispa de recuerdo que lo sorprendió con un incendio en plena madrugada ciega. 
Y no pudo más que salir al balcón, encender un cigarrillo y bañarse con el rocío para calmar la sangre. 
Regalarle a la noche una estelita de vapor, humedad condensada como el deseo hecho verbo en el recuerdo. 
La taquicardia en singular y la curvatura de una boca roja; el perfume de la piel recién plantada, recién florecida, en el jardín que es el colchón de los amantes.

18 abril 2015

Mar de trenes


En cada pedacito de coral
que arrastran las arenas del mar en invierno,
en cada estela de espuma que se dibuja
y se ilumina con el sol en un tinte naranja

cuando veo un perro que se echa de panza
esperando algo de amor,
y los pájaros desaparecen 
en esa línea finita
que separa el cielo del cielo en la tierra,
aprieto tu mano en mi mano,
siento el peso de la existencia ligera,
la respiración de agradecimiento con la vida,
la mitad del doble de uno,
el uno completo compartiendo el uno del otro.
Y el sol invitando a la noche a lucirse,
a explotar en mil puntitos de infinidad de materia,
todos contenidos bailando en la circunferencia de un párpado;
en un viaje de tren me sumerjo en tus ojos,
y el telón de las pupilas se levanta,
haciendo verbo este regalo,
vaya espectáculo majestuoso.

14 abril 2015

3-5-7


Un fulgor que me vuelve,
espejismo de mi misma,
reflejo de agua turbia;

Remolino de peces espada
y medusas fosforescentes,
formando constelaciones
en el fondo del agujero negro
en el que se convierten los ojos cerrados.

Ni balsas, ni arenas,
ni la sal de los océanos...
sólo la expansión de la negrura.
La pérdida del peso,
y la distorsión de las manos arrugadas,
en el fondo, o en la superficie
de todo andar pluscuamperfecto.

Azúcares


Azúcar de llovizna y nubes que siempre parecen suaves. Tardes sin lograr unir vocales y consonantes, nombres completos, dobles apellidos y caras asimétricas. 
Vagones de trenes colmados de almas sin gentes, o de ojos cerrados mirando por las ventanas. 
Escombros, un hormiguero rebosante de puntos negros que se entrecruzan, a la hora de sentir el viento en la piel tan sólo un segundo. 
Después la nada, el supuesto todo, la repetición del anhelo, más y más, te enseñaron que nunca menos; la boca seca, la tierra seca, el sueño seco, la sal siempre húmeda. 
Ventanas abiertas de luz, hojas de libros que se pierden en el desorden, y brillantina de azúcar en las manos.

21 febrero 2015

Peces y algas.


...
Voy a adentrarme
en las profundidades de los bosque,
conteniendo la respiración...
Hasta sumergirme de lleno
en el verde follaje
y perderme entre las nervaduras y los tallos.


14 enero 2015

Diacronía del escondite


 Se convierte en fantasma a su antojo,  y desaparece ocultándose en los pliegues transparentes del río, dejándome el alma turbia, como de fondo de pecera olvidada. Me quedo huérfana de cuore y deseos, asfixiada en un latido solitario. Me abandonas como siempre en la tragedia, en la niebla espesa de las pesadillas amargas, recorriendo laberintos sin corona ni zapatos.

No te hacés cargo de tus huidas y desenfrenos, aplastándome sin medir el daño que generan tus despliegues; yo me quedo latiendo fantasmagórica y desvaneciente. En el tungsteno del olvido resplandece un nombre sin vocales, y de pronto en un susurro me vuelvo arena que se esparce en la brisa. Olvidada, pero en el olvido más profundo, simulando un filamento que se apaga fundiéndose en la negrura de la noche. Me desdibujo, como un bosquejo guardado por años en el cajón del escritorio.

Me carcome la soledad de mi nombre pronunciado al unísono en la nada, sin ecos de gloria. Vaya desierto de vidrio y flores muertas, me escurro en un mar que no existe. Abriendo ventanas, para alumbrar otra materialidad menos alcohólica y dolorosa. Me empeño por transitar, aún por mero capricho, realidades tajantes hasta el extremo de insoportables. Desaparezco bajo la sombra de tus ojos, frágil, transparente... privada de tus dulzuras quedo atrapada entre multitudes ciegas.

Deambulando por las tumbas de alucinaciones ajenas, a veces haciéndolas propias, adoptando miedos sólo para compartirlos con alguien de carne y hueso, y no ser una  más de esas criaturas deformadas que generan desagrado. Más bien prefiero ser como un volcán dormido, albergando la posibilidad de una furia arrasadora, demencial destrucción de todo lo que toca. Así quiero que me sientan, ya no como un pájaro frágil de alas quebradas; que me nombren y te estremezcas, al pensar que soy una hoguera en llamas, un arma de doble filo con escudo reforzado, y que ya nunca te me acerques, porque te puedo hacer sangrar.

13 enero 2015

Salvaje

Ese feroz desencuentro; desemboca en el cambio de estado de mis ganas, de sólidas a líquidas... y luego, peligrosamente, acompañadas del calor de mil infiernos, se convierten en vapores tóxicos que inundan los salones de la casa. Fervientemente combustiono anhelos, atravesando la noche, huérfana de predicciones, ardo en llamas azules consumiendo insomnios.

Quisiera renunciar a esos deseos ilógicos, emerger de esa demencia desmedida en la que navego por cientos de millas náuticas, sin brújula ni mapa, ni estrellas que guíen mi aventura. Para acabar atando mi barca en un puerto de arenas finas y cielos claros. Y sentir el sabor de la fruta madura, sin la reminiscencia de un hocico jadeante que todo lo devora. Para dormir en las noches como es debido, y vivir los días sin los  fantasmas que me acompañan desde niña; ignorando esas presencias ectoplásmicas que sentencian mis pasos con presagios desdichados.

A la luz de la estrella madre, atraída por su fulgor magnificente, entrego rendida mi sangre a la tierra, con la lengua danzando entre sabores metálicos.

Cierro los ojos y me entrego al porvenir de mi desdicha.

11 enero 2015

07/12/2015 CUMPLEAÑOS


"A ver qué onda estos 10 años de blog..."

Gracias a todos los que han pasado, leído, criticado y compartido estos 10 años.
Gracias por formar parte de mi "diario del movimiento del mundo"

09 enero 2015

Intempestiva


Podría, quizás, contar una historia de cada pequeño pliegue de piel en tus dedos, 

o describirte, con pocas palabras y muchos sabores... 
Y quisiera que pasáramos horas hablando de las cosas que no tienen nombre,
o simplemente escuchar como golpean tus zapatos contra el suelo,
ese ritmo continuo que parece marcar el latido de la tierra. 

 Disfruto del viento que trae sal y lleva flores,
viajando como un planeta alrededor del sol y las estrellas... 
Yo no sé si existen dimensiones físicas 
que expresen las sucesiones de estados por los que pasa la materia;
No sé qué día es hoy, ni qué vendrá mañana, pero ya no me apuro,
lo que tenga que ser, que sea; y lo que no, que se transforme.