10 octubre 2017

Octubre

En mi barrio rebalsan 
las bocas de tormenta
y el viento arrastra
todo lo que flota
el aire cargado
de humedad plateada
tu cara aparece
en todas las esquinas
y yo a la espera
como siempre
de una bendición
o una fatalidad

19 septiembre 2017

Sintaxis

Nunca me quedo sin palabras,
para rasgarte el cuerpo, 
para cerrarte los ojos...
y aún así, 
heme aquí en este desierto 
de vocales y consonantes,
donde nada te toca,
donde nada te sumerge, 
en el océano de sal
en que se han convertido
las noches del mundo.
Una colección 
de silencios oídos y de gritos callados,
conjuntos de elementos
sin ninguna importancia
más que el hueco.
La estructura fundamental,
es la huida; 
vaya autonomía de significado,
siempre tan, tan sola,
habitando mis propias construcciones,
que no tienen más que prisa,
por entrar o salir de las ruinas de esta casa
construida o destruida en los suburbios
de un anhelo
siempre sediento
de sangre, de carne, de fuego.
Si habré malgastado ganzúas y llaves viejas,
para colarme
en los lugares prohibidos de la memoria,
mientras los alcoholes van quemando
las tripas de los dioses, los mitos, las epopeyas
las falacias,
los razonamientos inválidos...
porque la verdad de las premisas,
no garantiza la verdad de la conclusión. 

25 agosto 2017

Borrador


Que no me lleven
donde el ruido silencia
las voces del alma
y abundan
los nidos de araña
y las bestias hambrientas 

11 agosto 2017

Efigie

.
Un instante diluyéndose, como las prosas compuestas por adverbios de tiempo; como el olor de tu cuerpo sobre las sábanas del mes pasado, como los sueños atacados por la vigilia. 
Ese desgarro que experimento, cuando en las mañanas el espejo no me devuelve mi cara, sino esa cavidad deshabitada que son mis huesos, mi propia piel desconocida, huérfana de símbolos y revelaciones. 
Reconstruir una identidad fragmentada por la angustia del instante, reconocer en esos ojos lo que hay de mí en mi, y habitar esa representación, hasta que llegue la noche.

07 junio 2017

magnéticos #3


un instante de dulzura
donde la calma embriaga
y trae girando la oscuridad;
breve danza,
frágil misterio hablar abriendo la noche
hasta ver en color
el milagro luminoso del tiempo
que habita festivo el vacío
y me cubre de pétalos de fuego,
cuando es preciso tocar
la piel oscura del absurdo
soy la imagen invisible de lo inevitable.

05 junio 2017

magnéticos #1


Gestos que duermen en un espejo distante,
sientes ríos girando sobre la sombra
y buscas hundirme en la belleza de la muerte.
Escapo al reflejo herido que cubre mi mirada
cuando la espesura trae huellas de pájaros negros.

17 abril 2017

Equinoccio

Hay
un susurro que golpea
primaveras apáticas,
construcciones
de otros subconscientes
más fríos, o más aletargados.
El síntoma repetitivo
patología del eterno retorno;
me extingo en una sola llama
un sólo grito en la noche,
o tal vez, un sólo silencio en la vida.
Una serie de eventos
concatenados
hasta este punto de inflexión...
"la curva atraviesa la tangente"
el punto no existe
Yo ya no existo,
simetría quebrada.
Deslindar tu anatomía de mi cuerpo
enfrentando la violencia del vacío,
soy como ese brillo de estrella muerta
que sigue llegando a través del tiempo
ahí donde los ojos contemplan
la ilusión de lo que existe.

23 marzo 2017

El síntoma.


Hace algunos años, en una estación de tren a eso de las dos de la mañana, conocí a la primera persona que me dijo que le iba  romper el corazón. Hacía un frío seco, y el último tren había pasado hacía ya treinta minutos. Estábamos un poco acurrucados y un poco borrachos, a la espera de la luz de la locomotora que nos iba a sacar de ahí finalmente.
Cuando me dijo esa frase tan armada, tan conocida en el Manual del Protocolo del Amor, me enojé mucho; y más niña que ahora repliqué que no, que "yo no te voy a romper el corazón"... y al terminar la frase recaí en la inmensa derrota de que tenías razón. Me di cuenta de que en esa frase con frío, tapada de alcohol, te adelanté nuestro fracaso, ese que vos ya sentías cuando jugaste tu comodín para salvar un partido terminado. Entendí que en la cumbre del alcohol, la adolescencia tardía y la escena maravillosa de la estación de tren y la espera, tal vez más consciente que inconsciente dije "yo no te voy a romper el corazón"... pero omití el "nunca", esa palabrita que hace toda la diferencia entre el "voy a intentarlo hasta donde me den las células" y el "lo siento pero la suerte está echada".
Inmediatamente mi réplica devino en tu réplica, en tu "si, me vas a romper el corazón, y va a doler mucho, pero ya estamos acá".... y acto seguido mi explicación de que "nunca le rompí el corazón a nadie, me parece terrible que lo pronostiques así".
Nos quedamos ahí, mirándonos, viendo que el suelo a nuestro alrededor se hundía de a poco, lento, como los corazones que se empiezan a romper de a pedacitos, como brillantina bien finita pero bien brillante; y entonces, sin ánimos de herir pero con tu dolor a cuestas, me dijiste "yo a tu edad..." esa otra frase, esta vez del Manual del Protocolo de la Vida, que yo tanto detestaba. La detestaba y la detesto porque es una bomba molotov con seguimiento de calor, porque cae justo ahí donde uno arde y te desacredita a sentir, te desacredita a ser lo que sos en ese momento, te anula para desplegarte en la única dirección conocida, ésta, la de ahora, la que para vos es verdadera.
Y ahí estaba yo, sumida en mi propia derrota, en una conversación cerrada súbitamente por el batacazo de tu corazón fisurado por mi culpa; porque vos lo viste venir, y quisiste mirar para otro lado cuando ya era demasiado evidente, porque yo no vi ni la sombra del colapso que se venía. Y ahí estábamos ambos, de repente vencidos, de repente doliendo, tratando de comernos las sobras de lo que hasta hacía unas horas parecía una cena agradable... pero despacito, para que no se termine todavía, pero despacito que aún queda el postre.

22 febrero 2017

Un cúmulo de sonidos que marean,
el golpe en la sien putrefacta,
bienvenido al desierto de lo real.
A la calma que daña, al vacío repleto
a saberte extranjero en tu propia cabeza;
A la náusea de la noche insípida,
la taquicardia del desvelo soñando
cuando la certeza florece con espinas.
Tal vez ya sabías
cuál era el perfume de la ausencia,
pero cuando en un giro la noche se cierra
entre danzas de espectros inmóviles,
y te sorprende recitando premisas
ni verdaderas ni falsas,
en un soliloquio al patetismo,
estás allí, y aquí, y en ninguna parte
bailando, fantasmagórico,
como una ilusión para estos ojos tercos;
Y en el punto más álgido de la noche,
como una flor abandonada por el viento,
me diluyo en un mar que no existe.

14 febrero 2017

Aquel amor de altiplanicie

Henos aquí, contrapuestos,
tan lejos en nuestra cercanía;
compartiendo ese espacio que nunca nos une.
Mirándonos,
a través de abismos de bruma espesa;
atrincherados,
vos de tu lado y yo del mío.
El aire se compacta,
y siento que el mundo
gira a una velocidad muy lenta,
como si todo fuera cristalizándose
y apagándose en silencio.
La brutalidad de lo irresoluble,
siempre tan tajante,
que va labrando un hueco en el estómago y la garganta,
y te encierra, en habitaciones descoloridas, 
donde se descascaran las paredes 
hasta la afonía de gritar una plegaria 
sin sosiego.

13 febrero 2017

Los rostros en la noche

Me ataca el insomnio, habito mis abismos sonámbula, persiguiendo una quimera con los ojos ciegos. De madrugada, ausente y sin escape, no quiero sucumbir ante el horror de mi misma. 
Por momentos, abrirme es desangrarme, es exponerme a mi propio agujero negro. Y en algunas ocasiones, no abrirme es la asfixia de perderme frente a mi reflejo, de mirarme pero no reconocerme, de estar flotando en un vacío azul profundo que nunca se convierte en mar. 
Con los dedos de los pies dormidos y helados, me voy otra vez a alguna parte del recuerdo, a una página manchada con tinta, al sabor de la fruta madura, a los atardeceres en el campo. A esperar que salga el sol o que se apague para siempre, a vivir un nuevo día anestesiada de intuiciones; a esconderme en laberintos para no tenerme frente a frente y desangrarme.

03 octubre 2016

Oxímoron

Despierto en la noche, tal vez estoy dormida, afuera mueren estrellas. Te recuerdo a la velocidad de la luz, como un satélite orbitando tu ausencia, celebrando el rito de invocar tu nombre en la oscuridad. Atraída por tu fuerza sigo la trayectoria de un espejismo, la estela de un fantasma, un golpe invisible que me quiebra. 
Vivir persiguiendo el eco de un sonido que está muerto, apagado en la galaxia, viajando lentamente. La imposibilidad de que seas, la fragilidad de lo que fuimos, el corazón a la intemperie temblando. El horror del olvido, lo irreal de la distancia; la brutalidad de la piel reseca y el apetito agonizante, de saber que cada célula que amaste está herida y necrótica, que pronto tendré un cuerpo nuevo que no sepa de tus manos... 
¿De qué será producto esta anarquía tan hambrienta, quién me salvará de la falsedad de las palabras abrazando mi cuerpo mutilado? Siento ansiedad de gritar tu nombre, para que no se extinga el magnetismo de tu sexo, para librarme de la pesadumbre del capricho sordo, para emerger del agujero negro en el que se amotinan mis anhelos. No quiero más ser este cuerpo moribundo, que evoca tu rostro en cantos de tragedia, quiero flotar en el espacio, muda de deseos.

05 septiembre 2016

09

Septiembre; como no poder dormir ni en los sueños, y cada día encontrar esos rincones donde nombrarte en silencio.... 
Como vivir en long play o en stand by; deambular en bicicleta, cruzar un puente sobre las vías y pedir un deseo siempre que pasa un tren.
Como tener sed todo el tiempo, o estar acalambrado, y que nadie te regale flores. Cantar en voz alta por el barrio y sentarse en un banco por dos horas. 
Septiembre... como estar encerrado en tu mundo secreto, y escribir sólo con lápiz negro. Como que venga el calor y la mitad de la cama esté vacía.

13 marzo 2016

Resiliencia

Apagué la luz del pasillo y cerré las ventanas, en mi barrio hace mucho que no llueve. 
Pasé dos meses a campo abierto buscando constelaciones en la noche negra, pero no encontré nada más que algún destello. Abro los ojos pero siguen cerrados, prefiero cerrarlos si la noche no es clara; ya paré de viajar a esa velocidad en la que las luces se vuelven líneas fosforescentes, ahora mi corazón es más pesado y ya enterré mi ataúd a la sombra de un árbol. 
Desde lejos ya no se ve mi ventana iluminada, se pierde como todo en la negrura... Estoy quieta, respirando, conozco el color de la oscuridad.

25 febrero 2016

Imágenes REM

En un sueño veo barcos blancos y marea alta, historias que se incendian en las bitácoras de los viajeros. Tal vez algún día me encuentres, entre líneas que describen nuevos continentes y la trayectoria de los planetas... o tal vez no.

Me han hecho un retrato con flores en las manos y mirada triste; y temo que pienses que todo lo que soy cabe en el trazo de un pincel con tonos ocres.

No sé explicar los sonidos que producen las letras de mi nombre, ni cuántos latidos mantienen vivo a mi cuerpo; pero si puedo decirte que a la eternidad nadie llega sin descomponerse.

15 febrero 2016

Volátil

Siempre somos 3, yo y mis dos soledades.
La de estar huérfana de mi misma de momento, cada día, todos los días, a veces ninguno. Y la soledad de un mundo que no aparece, que se desdibuja con el primer viento fuerte, cuando la furia es fría, cuando el pecho arde... la desidia de los días y las cosas, al saberme tan falta de dioses y de hombres; tan sola, transparente, volátil.

16 diciembre 2015

(1)

PRIMER CAPÍTULO DE UN PROYECTO DE LIBRO ESTANCADO.
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Se pregunta si es escritor, pero sabe la respuesta. Aún así indaga en la diferencia entre ser escritor y ser otra cosa. Ser escritor a veces es un recurso elegante para conocer a una minita en un pub y llevársela a la cama... pero a la mañana siguiente se arrepiente de ser tan boca floja y de tener a una reventada abrazándole el cuerpo, pegajosa e indeseable.

Si viaja en avión, al momento del papeleo, en el casillero de "profesión" escribe "escritor"; Dice que es escritor porque escribe, pero sabe que escribe porque la sangre le llama a hacerlo, y no porque el rótulo amerite.  Se jacta de inteligente, pero roza la pedantería muy seguido... teme profundamente volverse un elegante, un estirado que se ahoga en su Martini con dos aceitunas mientras le explica a su audiencia de qué va su último libro; pero a la vez le atrae el personaje... después de todo, por eso se volvió escritor; por la fama, por las mujeres, por los discursos. Afortunadamente para él, desafortunadamente para nosotros, el pobre literato nació con una extrema facilidad para la palabra, hecho que gestiona la adopción de la etiqueta que él mismo se pega en la frente: la de "escritor". 
Lo conozco un día, en un pasillo de hospital. Yo estaba sentado en un banquito esperando los resultados de un análisis de rutina; y él, con la camisa  desprolija de la noche anterior, un pantalón de vestir y zapatos marrones, daba vueltas en círculos por el pasillo, yendo y viniendo trastornado vaya uno a saber por qué cuestiones.
Al recibir mis resultados, decidí bajar por las escaleras hasta el patio del hospital, fumar un cigarrillo y continuar con mi día. Una vez allí, cigarrillo encendido de por medio, me puse a hojear una revista de fotografía; estaba en la primera página cuando una voz interrumpió mi lectura silenciosa... era el escritor. 
- ¿Tenés fuego?- me preguntó.
- Si - contesté extendiéndole la mano con el encendedor.
Sacó del bolsillo un paquete aplastado de Parisiennes, estiró uno, lo encendió y se sentó a mi lado. Fumó dos pitadas largas, después me quedó mirando un rato como intentando empezar una conversación, mientras yo volvía a mi revista.
- En realidad yo no fumo... -me interrumpió, generándome una gran molestia, ya que no suelo interactuar con extraños. - Fumo ahora porque estoy impaciente. 
Sospeché que sería más fácil y cordial entablar un pequeño diálogo y retirarme, aunque el escritor generaba en mí una sensación de desprecio, como un perro pulguiento queriendo seguirme a casa. 
- ¿Cuál es el motivo de tu impaciencia? Indagué. 
Me miró fijamente, fumó la última pitada y revoleó la colilla del cigarrillo a unos pocos metros. Entonces dijo: "Se está muriendo alguien, y no sé cómo resolverlo..."
Dudé unos segundos, buscando las palabras adecuadas y contesté: - ¡Hombre! la muerte no es algo que se resuelva, simplemente llega y sucede, es algo inevitable. - 
- No es la muerte lo que quiero resolver... sino lo que implica esa muerte en la narración- respondió con la mirada perdida y haciendo girar levemente el dedo índice. 
Estaba confundido, no sabía si preguntar o callar; no entendía qué sentido tenía esa frase...  "la narración". Para mi sorpresa, el escritor interrumpió mis conjeturas cambiando su tono desahuciado por uno enérgico y vibrante. 
- El problema es el siguiente... mi padre está agonizando, y al venir a este hospital y ver que su muerte es inminente, me doy cuenta que Francisco también está muriendo. Lo de mi padre sí que es irremediable; cuando llega la hora, la gente muere. Pero lo de Francisco... representa un gran inconveniente...
- ¿Quién es Francisco? -me atreví a preguntar.
- Francisco es un hombre de unos veintiocho años, es nadador olímpico. Entrena desde los cinco años el deporte, y hace un año descubrió que tenía tumores en el tejido muscular... "Sarcoma de tejidos blandos" dicen que se llama. Entonces se está muriendo, pero no puede morirse hasta que yo resuelva qué hacer con su funeral.- 
Me sentía confundido; el escritor hablaba del tal Francisco como leyendo una ficha personal, y para empeorar las cosas, sostenía que el pobre "no podía morirse" hasta que él hiciera los arreglos funerarios... sentí que estaba en presencia de un demente, me levanté apurado para irme, pero el escritor me agarró del brazo y me detuvo. 
- ¡Esperá! no te vayas... necesito hacerte una pregunta. ¿De casualidad sabrías cuántos herrajes tiene un ataúd?. 
Horrorizado, sacudí mi brazo gritando -¡Suélteme viejo loco! No tengo idea de lo que me está preguntando y además...- El escritor me interrumpió pidiéndome que me calmara, que me sentara para que pudiera explicarme. 
- Tranquilo, soy escritor. Llevo tres años escribiendo una novela, y dos años intentando resolver si mato o no mato a Francisco, el nadador. Al principio me parecía absurdo matarlo, pero ahora me gusta la idea. El problema es que, en la novela, Francisco sólo se relaciona con cuatro personajes de manera más íntima... y he escuchado que los ataúdes suelen tener seis o siete herrajes; entonces no puedo matarlo hasta que resuelva el problema del servicio funerario... porque no me alcanzan las manos para llevar el ataúd. -Explicó. 
De repente me volvió la sangre al cuerpo. Si bien el escritor aún me parecía un maniático, era preferible que no dejara morir a un personaje en una novela por cuestiones técnicas, antes que estuviera especulando con la muerte de una persona... 
Pensé unos segundos y dije: - Pero... ¿no sería más sencillo escribir que el ataúd tiene cuatro herrajes?  solucionarías el problema y podrías matar al nadador. - 
- ¡Claro que no! -contestó el escritor algo colérico-  ¿Qué sentido tendría resolverlo tan fácilmente, qué clase de escritor sería si utilizara ese tipo de trucos?...
- Bueno... -Dije, levantándome del banco- entonces mande a hacer un ataúd a medida. Uno de esos como en las películas, de madera de cedro, cuatro herrajes y todo lo que se le ocurra... Tengo que irme, estoy llegando tarde. - 
El escritor se quedó sentado, estático, como buceando en los ríos de su cabeza en búsqueda de posibilidades para resolver el tema del muerto y los herrajes; y yo me fui, estirándole una mano cordial a modo de saludo, para el que no tuve respuesta.

08 diciembre 2015

Soliloquio IV

No hay presagio esta vez, sólo la noche y todo lo que impregna el silencio de tu nombre. Sin estrellas, ni colores en los sueños, sólo niebla, bruma de madrugada húmeda y larga; tinto en soliloquio y diciembre entremezclando anhelos. 
Como siempre, o como nunca antes, la sangre agolpada en la punta de los dedos; las imágenes y los olores de otra casa, las flores sin perfume, y el desorden de los cajones...  Luminiscencia, una estelita de vapor dibujada en la oscuridad y el frío en los dedos. La lejanía, el ruido sordo, el calor de la libertad; el fondo rojizo del vaso, las pupilas dilatadas y el ácido en las células.

08 septiembre 2015


A mi no me pregunten, ni me digan, ni me dejen. No me busquen, ni me expliquen las teorías de las leyes de atracción, oferta y demanda, tesis y antítesis. 
Prefiero que sea síntesis, siempre síntesis,  génesis, mutación, atracción; contradicción entre intuiciones y pulsiones. Querer más allá de la norma, abordar el barco hundido, muerte anunciada pero sin crónica, paracaídas cerrado. 
A mi no me pregunten por qué, no me expliquen cómo, ni me indiquen cuándo. 

09 mayo 2015

Margot

Les presento un personaje:

Diarios, Octubre 1997: 
"Yo no temo morir por lo que la muerte significa, ni siquiera por el horror al desdichado afiche de "Función Cancelada" en la puerta del teatro; ni por la familia que está lejos, o por romperle el corazón a algún extraño que se enamoró de mi cuando me escuchó cantar sobre el primer escenario.
Temo que el fuego verdoso del fondo del alma se apague, sin dejar rastro alguno en la madrugada; y que pasados los meses me encuentren, tirada en el suelo, pegada a la alfombra por la putrefacción. 
Y que nadie sepa más quién soy; que en las noticias figure mi nombre, Margot, junto a palabras desagradables que una a una vayan borrándole las vocales, luego las consonantes. Y convertirme en "esa pobre mujer que murió sola y estuvo meses pudriéndose en el suelo". 
Entonces ya nadie sabrá mi nombre, algo así como volverme un reflejo empañado en el espejo; la marquesina brillante apagada dos días por el luto.
Y no dejará de nevar en las altas cumbres porque yo me muera. Ni dejarán de transmitir la comedia de las 4. Alguna mujer encenderá una vela, y algún hombre abrazará con furia un salto de cama amarillo pálido. Pero el mundo seguirá siendo el mismo. 
Y yo, convertida en un recuerdo líquido, me iré evaporando o filtrando, como una canilla que gotea y pierde el agua, hasta estar vacía, vacía y olvidada por toda la eternidad.
Que espanto."

22 abril 2015

Fueguitos


Y es que tal vez, con mis palabras, le revolví una intimidad que él creía ya enterrada; una chispa de recuerdo que lo sorprendió con un incendio en plena madrugada ciega. 
Y no pudo más que salir al balcón, encender un cigarrillo y bañarse con el rocío para calmar la sangre. 
Regalarle a la noche una estelita de vapor, humedad condensada como el deseo hecho verbo en el recuerdo. 
La taquicardia en singular y la curvatura de una boca roja; el perfume de la piel recién plantada, recién florecida, en el jardín que es el colchón de los amantes.

18 abril 2015

Mar de trenes


En cada pedacito de coral
que arrastran las arenas del mar en invierno,
en cada estela de espuma que se dibuja
y se ilumina con el sol en un tinte naranja

cuando veo un perro que se echa de panza
esperando algo de amor,
y los pájaros desaparecen 
en esa línea finita
que separa el cielo del cielo en la tierra,
aprieto tu mano en mi mano,
siento el peso de la existencia ligera,
la respiración de agradecimiento con la vida,
la mitad del doble de uno,
el uno completo compartiendo el uno del otro.
Y el sol invitando a la noche a lucirse,
a explotar en mil puntitos de infinidad de materia,
todos contenidos bailando en la circunferencia de un párpado;
en un viaje de tren me sumerjo en tus ojos,
y el telón de las pupilas se levanta,
haciendo verbo este regalo,
vaya espectáculo majestuoso.

14 abril 2015

3-5-7


Un fulgor que me vuelve,
espejismo de mi misma,
reflejo de agua turbia;

Remolino de peces espada
y medusas fosforescentes,
formando constelaciones
en el fondo del agujero negro
en el que se convierten los ojos cerrados.

Ni balsas, ni arenas,
ni la sal de los océanos...
sólo la expansión de la negrura.
La pérdida del peso,
y la distorsión de las manos arrugadas,
en el fondo, o en la superficie
de todo andar pluscuamperfecto.

Azúcares


Azúcar de llovizna y nubes que siempre parecen suaves. Tardes sin lograr unir vocales y consonantes, nombres completos, dobles apellidos y caras asimétricas. 
Vagones de trenes colmados de almas sin gentes, o de ojos cerrados mirando por las ventanas. 
Escombros, un hormiguero rebosante de puntos negros que se entrecruzan, a la hora de sentir el viento en la piel tan sólo un segundo. 
Después la nada, el supuesto todo, la repetición del anhelo, más y más, te enseñaron que nunca menos; la boca seca, la tierra seca, el sueño seco, la sal siempre húmeda. 
Ventanas abiertas de luz, hojas de libros que se pierden en el desorden, y brillantina de azúcar en las manos.

21 febrero 2015

Peces y algas.


...
Voy a adentrarme
en las profundidades de los bosque,
conteniendo la respiración...
Hasta sumergirme de lleno
en el verde follaje
y perderme entre las nervaduras y los tallos.


14 enero 2015

Diacronía del escondite


 Se convierte en fantasma a su antojo,  y desaparece ocultándose en los pliegues transparentes del río, dejándome el alma turbia, como de fondo de pecera olvidada. Me quedo huérfana de cuore y deseos, asfixiada en un latido solitario. Me abandonas como siempre en la tragedia, en la niebla espesa de las pesadillas amargas, recorriendo laberintos sin corona ni zapatos.

No te hacés cargo de tus huidas y desenfrenos, aplastándome sin medir el daño que generan tus despliegues; yo me quedo latiendo fantasmagórica y desvaneciente. En el tungsteno del olvido resplandece un nombre sin vocales, y de pronto en un susurro me vuelvo arena que se esparce en la brisa. Olvidada, pero en el olvido más profundo, simulando un filamento que se apaga fundiéndose en la negrura de la noche. Me desdibujo, como un bosquejo guardado por años en el cajón del escritorio.

Me carcome la soledad de mi nombre pronunciado al unísono en la nada, sin ecos de gloria. Vaya desierto de vidrio y flores muertas, me escurro en un mar que no existe. Abriendo ventanas, para alumbrar otra materialidad menos alcohólica y dolorosa. Me empeño por transitar, aún por mero capricho, realidades tajantes hasta el extremo de insoportables. Desaparezco bajo la sombra de tus ojos, frágil, transparente... privada de tus dulzuras quedo atrapada entre multitudes ciegas.

Deambulando por las tumbas de alucinaciones ajenas, a veces haciéndolas propias, adoptando miedos sólo para compartirlos con alguien de carne y hueso, y no ser una  más de esas criaturas deformadas que generan desagrado. Más bien prefiero ser como un volcán dormido, albergando la posibilidad de una furia arrasadora, demencial destrucción de todo lo que toca. Así quiero que me sientan, ya no como un pájaro frágil de alas quebradas; que me nombren y te estremezcas, al pensar que soy una hoguera en llamas, un arma de doble filo con escudo reforzado, y que ya nunca te me acerques, porque te puedo hacer sangrar.

13 enero 2015

Salvaje

Ese feroz desencuentro; desemboca en el cambio de estado de mis ganas, de sólidas a líquidas... y luego, peligrosamente, acompañadas del calor de mil infiernos, se convierten en vapores tóxicos que inundan los salones de la casa. Fervientemente combustiono anhelos, atravesando la noche, huérfana de predicciones, ardo en llamas azules consumiendo insomnios.

Quisiera renunciar a esos deseos ilógicos, emerger de esa demencia desmedida en la que navego por cientos de millas náuticas, sin brújula ni mapa, ni estrellas que guíen mi aventura. Para acabar atando mi barca en un puerto de arenas finas y cielos claros. Y sentir el sabor de la fruta madura, sin la reminiscencia de un hocico jadeante que todo lo devora. Para dormir en las noches como es debido, y vivir los días sin los  fantasmas que me acompañan desde niña; ignorando esas presencias ectoplásmicas que sentencian mis pasos con presagios desdichados.

A la luz de la estrella madre, atraída por su fulgor magnificente, entrego rendida mi sangre a la tierra, con la lengua danzando entre sabores metálicos.

Cierro los ojos y me entrego al porvenir de mi desdicha.

11 enero 2015

07/12/2015 CUMPLEAÑOS


"A ver qué onda estos 10 años de blog..."

Gracias a todos los que han pasado, leído, criticado y compartido estos 10 años.
Gracias por formar parte de mi "diario del movimiento del mundo"

09 enero 2015

Intempestiva


Podría, quizás, contar una historia de cada pequeño pliegue de piel en tus dedos, 

o describirte, con pocas palabras y muchos sabores... 
Y quisiera que pasáramos horas hablando de las cosas que no tienen nombre,
o simplemente escuchar como golpean tus zapatos contra el suelo,
ese ritmo continuo que parece marcar el latido de la tierra. 

 Disfruto del viento que trae sal y lleva flores,
viajando como un planeta alrededor del sol y las estrellas... 
Yo no sé si existen dimensiones físicas 
que expresen las sucesiones de estados por los que pasa la materia;
No sé qué día es hoy, ni qué vendrá mañana, pero ya no me apuro,
lo que tenga que ser, que sea; y lo que no, que se transforme.

27 diciembre 2014

Reminiscencias


Entre tanto pensamiento irrenunciable, magia de luces en la madrugada. Yo sentada a la sombra de la parra como en tantos otros sueños otoñales, y vos allá pintado en acuarelas,  desdibujándote bajo la lluviecita de verano. 
Porque así de ciegas son las fragilidades del olvido, porque en un segundo somos tierra y flores secas... porque un día me dijiste esas palabras que no se las lleva nunca el viento, pero  de a poquito se va apagando su eco a la distancia. 
Nunca quise desaparecer en la niebla del tiempo, ni tampoco inmolarme en la eternidad de la gloria estática. Sólo quiero despertarme una mañana sin el recuerdo de aquel mundo extraviado entre cartas, cigarrillos y alcoholes; que permanezca tenue dentro de un cajoncito, junto a los cuadernos de viajes y las postales de viejos amigos. 
No sabré desatarme los recuerdos del pelo, pero aprendo a trenzarlos en finas tiras y adornarlos con cuentecillas de colores. A llevarlos en la piel como un secreto tatuado, silenciosos trazos de líneas negras que forman mapas de distintos territorios.