19 septiembre 2017

Sintaxis

Nunca me quedo sin palabras,
para rasgarte el cuerpo, 
para cerrarte los ojos...
y aún así, 
heme aquí en este desierto 
de vocales y consonantes,
donde nada te toca,
donde nada te sumerge, 
en el océano de sal
en que se han convertido
las noches del mundo.
Una colección 
de silencios oídos y de gritos callados,
conjuntos de elementos
sin ninguna importancia
más que el hueco.
La estructura fundamental,
es la huida; 
vaya autonomía de significado,
siempre tan, tan sola,
habitando mis propias construcciones,
que no tienen más que prisa,
por entrar o salir de las ruinas de esta casa
construida o destruida en los suburbios
de un anhelo
siempre sediento
de sangre, de carne, de fuego.
Si habré malgastado ganzúas y llaves viejas,
para colarme
en los lugares prohibidos de la memoria,
mientras los alcoholes van quemando
las tripas de los dioses, los mitos, las epopeyas
las falacias,
los razonamientos inválidos...
porque la verdad de las premisas,
no garantiza la verdad de la conclusión. 

25 agosto 2017

Borrador


Que no me lleven
donde el ruido silencia
las voces del alma
y abundan
los nidos de araña
y las bestias hambrientas 

11 agosto 2017

Efigie

.
Un instante diluyéndose, como las prosas compuestas por adverbios de tiempo; como el olor de tu cuerpo sobre las sábanas del mes pasado, como los sueños atacados por la vigilia. 
Ese desgarro que experimento, cuando en las mañanas el espejo no me devuelve mi cara, sino esa cavidad deshabitada que son mis huesos, mi propia piel desconocida, huérfana de símbolos y revelaciones. 
Reconstruir una identidad fragmentada por la angustia del instante, reconocer en esos ojos lo que hay de mí en mi, y habitar esa representación, hasta que llegue la noche.

07 junio 2017

magnéticos #3


un instante de dulzura
donde la calma embriaga
y trae girando la oscuridad;
breve danza,
frágil misterio hablar abriendo la noche
hasta ver en color
el milagro luminoso del tiempo
que habita festivo el vacío
y me cubre de pétalos de fuego,
cuando es preciso tocar
la piel oscura del absurdo
soy la imagen invisible de lo inevitable.

05 junio 2017

magnéticos #1


Gestos que duermen en un espejo distante,
sientes ríos girando sobre la sombra
y buscas hundirme en la belleza de la muerte.
Escapo al reflejo herido que cubre mi mirada
cuando la espesura trae huellas de pájaros negros.

17 abril 2017

Equinoccio

Hay
un susurro que golpea
primaveras apáticas,
construcciones
de otros subconscientes
más fríos, o más aletargados.
El síntoma repetitivo
patología del eterno retorno;
me extingo en una sola llama
un sólo grito en la noche,
o tal vez, un sólo silencio en la vida.
Una serie de eventos
concatenados
hasta este punto de inflexión...
"la curva atraviesa la tangente"
el punto no existe
Yo ya no existo,
simetría quebrada.
Deslindar tu anatomía de mi cuerpo
enfrentando la violencia del vacío,
soy como ese brillo de estrella muerta
que sigue llegando a través del tiempo
ahí donde los ojos contemplan
la ilusión de lo que existe.

23 marzo 2017

El síntoma.


Hace algunos años, en una estación de tren a eso de las dos de la mañana, conocí a la primera persona que me dijo que le iba  romper el corazón. Hacía un frío seco, y el último tren había pasado hacía ya treinta minutos. Estábamos un poco acurrucados y un poco borrachos, a la espera de la luz de la locomotora que nos iba a sacar de ahí finalmente.
Cuando me dijo esa frase tan armada, tan conocida en el Manual del Protocolo del Amor, me enojé mucho; y más niña que ahora repliqué que no, que "yo no te voy a romper el corazón"... y al terminar la frase recaí en la inmensa derrota de que tenías razón. Me di cuenta de que en esa frase con frío, tapada de alcohol, te adelanté nuestro fracaso, ese que vos ya sentías cuando jugaste tu comodín para salvar un partido terminado. Entendí que en la cumbre del alcohol, la adolescencia tardía y la escena maravillosa de la estación de tren y la espera, tal vez más consciente que inconsciente dije "yo no te voy a romper el corazón"... pero omití el "nunca", esa palabrita que hace toda la diferencia entre el "voy a intentarlo hasta donde me den las células" y el "lo siento pero la suerte está echada".
Inmediatamente mi réplica devino en tu réplica, en tu "si, me vas a romper el corazón, y va a doler mucho, pero ya estamos acá".... y acto seguido mi explicación de que "nunca le rompí el corazón a nadie, me parece terrible que lo pronostiques así".
Nos quedamos ahí, mirándonos, viendo que el suelo a nuestro alrededor se hundía de a poco, lento, como los corazones que se empiezan a romper de a pedacitos, como brillantina bien finita pero bien brillante; y entonces, sin ánimos de herir pero con tu dolor a cuestas, me dijiste "yo a tu edad..." esa otra frase, esta vez del Manual del Protocolo de la Vida, que yo tanto detestaba. La detestaba y la detesto porque es una bomba molotov con seguimiento de calor, porque cae justo ahí donde uno arde y te desacredita a sentir, te desacredita a ser lo que sos en ese momento, te anula para desplegarte en la única dirección conocida, ésta, la de ahora, la que para vos es verdadera.
Y ahí estaba yo, sumida en mi propia derrota, en una conversación cerrada súbitamente por el batacazo de tu corazón fisurado por mi culpa; porque vos lo viste venir, y quisiste mirar para otro lado cuando ya era demasiado evidente, porque yo no vi ni la sombra del colapso que se venía. Y ahí estábamos ambos, de repente vencidos, de repente doliendo, tratando de comernos las sobras de lo que hasta hacía unas horas parecía una cena agradable... pero despacito, para que no se termine todavía, pero despacito que aún queda el postre.

22 febrero 2017

Un cúmulo de sonidos que marean,
el golpe en la sien putrefacta,
bienvenido al desierto de lo real.
A la calma que daña, al vacío repleto
a saberte extranjero en tu propia cabeza;
A la náusea de la noche insípida,
la taquicardia del desvelo soñando
cuando la certeza florece con espinas.
Tal vez ya sabías
cuál era el perfume de la ausencia,
pero cuando en un giro la noche se cierra
entre danzas de espectros inmóviles,
y te sorprende recitando premisas
ni verdaderas ni falsas,
en un soliloquio al patetismo,
estás allí, y aquí, y en ninguna parte
bailando, fantasmagórico,
como una ilusión para estos ojos tercos;
Y en el punto más álgido de la noche,
como una flor abandonada por el viento,
me diluyo en un mar que no existe.

14 febrero 2017

Aquel amor de altiplanicie

Henos aquí, contrapuestos,
tan lejos en nuestra cercanía;
compartiendo ese espacio que nunca nos une.
Mirándonos,
a través de abismos de bruma espesa;
atrincherados,
vos de tu lado y yo del mío.
El aire se compacta,
y siento que el mundo
gira a una velocidad muy lenta,
como si todo fuera cristalizándose
y apagándose en silencio.
La brutalidad de lo irresoluble,
siempre tan tajante,
que va labrando un hueco en el estómago y la garganta,
y te encierra, en habitaciones descoloridas, 
donde se descascaran las paredes 
hasta la afonía de gritar una plegaria 
sin sosiego.

13 febrero 2017

Los rostros en la noche

Me ataca el insomnio, habito mis abismos sonámbula, persiguiendo una quimera con los ojos ciegos. De madrugada, ausente y sin escape, no quiero sucumbir ante el horror de mi misma. 
Por momentos, abrirme es desangrarme, es exponerme a mi propio agujero negro. Y en algunas ocasiones, no abrirme es la asfixia de perderme frente a mi reflejo, de mirarme pero no reconocerme, de estar flotando en un vacío azul profundo que nunca se convierte en mar. 
Con los dedos de los pies dormidos y helados, me voy otra vez a alguna parte del recuerdo, a una página manchada con tinta, al sabor de la fruta madura, a los atardeceres en el campo. A esperar que salga el sol o que se apague para siempre, a vivir un nuevo día anestesiada de intuiciones; a esconderme en laberintos para no tenerme frente a frente y desangrarme.