31 agosto 2012

Evidencia- microrrelato



No podía abrirla, tenía miedo. La bolsa era negra, pesada, y despedía un olor putrefacto que me hacía llorar los ojos. El auto había estado estacionado en la entrada de la casa durante una semana... a  esas alturas deseaba profundamente haber puesto mayor atención a lo que sucedía en la cuadra; ¿Cómo era posible que el paquete en cuestión hubiera llegado al maletero de mi auto? ¿Qué contendría, cómo podría explicarlo?
Apurado y nervioso la cargué hasta el río; y en el preciso momento en que me disponía a tirarla, la bolsa se abrió y mis pies quedaron bañados en un líquido rojo.

2 comentarios:

Valentin dijo...

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Julieta Abiusi dijo...

Yo tb ya me olvide parte de los mandados de carnicería en el auto ;o)