13 febrero 2017

Los rostros en la noche

Me ataca el insomnio, habito mis abismos sonámbula, persiguiendo una quimera con los ojos ciegos. De madrugada, ausente y sin escape, no quiero sucumbir ante el horror de mi misma. 
Por momentos, abrirme es desangrarme, es exponerme a mi propio agujero negro. Y en algunas ocasiones, no abrirme es la asfixia de perderme frente a mi reflejo, de mirarme pero no reconocerme, de estar flotando en un vacío azul profundo que nunca se convierte en mar. 
Con los dedos de los pies dormidos y helados, me voy otra vez a alguna parte del recuerdo, a una página manchada con tinta, al sabor de la fruta madura, a los atardeceres en el campo. A esperar que salga el sol o que se apague para siempre, a vivir un nuevo día anestesiada de intuiciones; a esconderme en laberintos para no tenerme frente a frente y desangrarme.

No hay comentarios.: