10 noviembre 2014

Remolinos.

Desearía, fugazmente, atravesar esta niebla salada y densa que nos envuelve;
y verte ahí, sentado bajo un árbol tocando la guitarra, o saboreando una naranja.
Que me saludes, a lo lejos, agitando tu mano, sonriendo con melancolía.
Que me recuerdes, al menos alguna vez, para sentir que en tus ojos existo
como no existo en los de nadie más. 
Desearía dibujar la curvatura de tus boca cuando reís,
para usarla de ventana a algún lugar, en los días que no tienen sentido. 
Quisiera... despegarme esta sal de los ojos, esta hiel de la boca;
No sentir que deambulo en círculos por laberintos de arena...
Que alguna vez, al abrir una puerta, me conduzca a tu casa,
a los días de verano, a las flores con perfume.

15 octubre 2014

Peripecias


Varias veces al día,
vuelvo a tener un ataque al corazón.
Duermo despierta,
sueño epifanías y tragedias...
Contemplo la inmensidad
sin dejar que me conmueva;
y dejo que la brisa me atraviese
para sentir que aún existo.
 
No quiero nada,
por favor no me pregunten
ni me traigan flores.



No encontré los mecanismos para descontracturarte.

07 octubre 2014

Primavera

Algunas noches me siento en el jardín a buscar la luna y recordar tardes sin fin, esas copas de vino hasta el amanecer, ese viaje de ida hacia el universo entero. Y brindo con la noche, que se vuelve mi peor enemiga, como si me tiraran sal en las heridas.

Llegando al fin de la botella, o sólo al principio, cada tanto sufro un ataque al corazón. Me desarmo sin poder volver a armarme, y me quedo quietecita para que no me lleve el viento. La noche y yo compartimos algo, como una nostalgia de viejos amigos que se encuentran y se quedan en silencio contemplándose.

Ya vendrán los días cálidos, la lluvia de verano, el olor a tierra húmeda en la mañana. Por el momento el viento arrastra las flores, y en silencio me quedo mirando esos remolinos, y voy dejando ir el alma en ellos.

29 septiembre 2014

Lumbre


De momento creo que podría comenzar una colección de fragilidades... enumerar todo aquello que me hiere y me destruye. Lo que alegra está relegado, aplacado por el furor de los recuerdos asfixiantes, agridulces, dulce amargos...
El cuerpo reposa, suspendido, en un impasse que debería concluir, pero me aterra que termine. Me aterra el después, las horas sin sentido, el caminar sin brújula, sin norte, sin sur, sin suelo... Que se pase la vida, y yo, como una caja de fósforos húmeda no logre encender una llamita amarillenta en medio de esta tormenta perfecta.

Brillantina de células

.

El aire me pesa,
quiero retenerlo pero me ahogo.
Se va formando una bola de oxígeno en el pecho,
más grande, más grande,
hasta que explota.

Desearía que no pasen los segundos,
o que pasen todos juntos sin parar.

Por momentos se me va el alma 
y quiero estallar desde adentro hacia afuera,
romperme en mil pedazos, 
brillantina de células...

02 septiembre 2014

Septiembre

Un dolor en el túnel carpiano, el vértigo y la mano que no responde.

28 octubre 2013

Lapicera verde sobre hoja de diario.

Lo ve, con un dedo dibuja
sus ojos sobre los cristales. 
El tacto, el frío,
afuera los pájaros, el ruido hueco.
Adentro todo está estático,
una página en blanco,
un silencio, ojos cerrados,
siempre cerrados. 
Los ojos en el cristal chorrean,
el corazón chorrea,
el alma escurre y se disuelve... 
Adentro y afuera se confunden,
tiñendo al hoja con gotas de agua
y ojos de pájaros,
cerrados, siempre cerrados.

24 abril 2013

Paréntesis 1: La maldición de los Lugones.



Poco le sirvió a Pirí Lugones burlarse de los dictadores.
Murió electrocutada por la picana que inventó su padre;
sin el amparo de la poesía de su abuelo.


28/1/12

Personas



Hablo con un hombre, no me conoce, dice conocerme por mis ojos; no sabe nada...
Está dormido sobre mi pecho, respira tranquilo, me pregunto si sueña;
a su lado yo nunca he soñado.

Cierro los ojos, le acaricio el pelo, no estoy pensando en él.



Bicho canasto - Retrato de una mujer soñada.


Ana se acurrucaba, apretándose las piernas con las manos, hundiendo la cabeza entre las rodillas.
Susurraba palabritas entre lágrimas y se encerraba en su capullo como un bicho canasto.
Cuando caminaba parecía movida por la brisa, tan pequeña, dubitativa, orbitando por el mundo con los ojos vidriosos. Jamás pude acercarme y tomarle la mano con inocencia, siquiera decirle que no estaba sola, pedirle con un gesto que no sufriera tanto...

Carta


Yo un día soñé con la nieve; eterna, blancuzca, cegadora. Desperté entre sábanas frías con un déjà vu atravesado en el cerebro, y una taza de café que derramé en el piso al bajar los pies de la cama... maldita costumbre de dejar las tazas en el suelo, siempre en el suelo.

Las ventanas se empañan por el choque de frentes fríos y calientes, como se empañan los días de alegría cuando suceden cosas inesperadamente tristes.

Algunas mañanas me arrimo a la puerta esperando ver tu carta en el suelo, junto a las zapatillas que siempre están sucias y mal acomodadas sobre la alfombrita de la entrada. Tu carta nunca llega, debería dejar de esperarla pero no puedo. De muy chica recuerdo haberte pedido que me escribieras unas líneas, pero nunca te hiciste el tiempo para dedicarme esos renglones.

Siempre lo mismo; los sueños, la espera... secreta, silenciosa. Los despertares, repentinos, sutiles o tormentosos; los días corriendo, las noches cálidas y las tardes en los trenes. Se me pasan las horas, se entremezclan los sueños, la nieve y las flores; tu carta nunca llega. 

11 marzo 2013

Miraflores


Que el silencio no te atrape, 
de madrugada en alguna ribera desierta;
mientras las luces una a una se apagan
y el clima se vuelve frío, denso y monocromático...

27 enero 2013

Conviviendo


Elegimos el nombre del perro y del gato: aunque aún no compramos un perro, ni nos han regalado un gato -y aunque el nombre que elegí para le gato no te guste mucho. 
Trajimos mis cosas de a poco; como en una invasión silenciosa fui ganando terreno en tu casa, ahora nuestra casa. Primero pintaste la biblioteca y buscamos mis libros... recuerdo haberte dicho que sabría que nuestras vidas estaban unidas definitivamente el día que viera mis libros mezclados con tus libros, y tus discos mezclados con mis discos.  
Tiramos papeles y cosas viejas, compramos plantas y flores, y movimos todo de lugar. Armamos un sillón, cambiamos las cortinas y nos regalaron una mesa ratona. 
Armé un bolso, sólo uno, con toda mi ropa y la acomodé en el placard junto a la tuya. Mis remeras, tus remeras, mis sacos, tus camisas, tus zapatillas, mis sandalias y botas. Guardé mis carteras y pegué en la heladera nuestras fotos de cuando éramos chicos. 
A pesar de que siempre tuve llave y cepillo de dientes, durante meses dormí en tu casa, desperté en tu casa... hasta que una mañana se convirtió en nuestra casa; y qué feliz es la vida de a dos, ver tus colores mezclados con los míos, formando nuestros colores; ir escribiendo una historia nueva tan distinta, tan impredecible... un nuevo capítulo en el libro de mi vida.

Tengo algo en el cuerpo; inmóvil, palpitante... como un sueño del que nunca despierto, en un lecho en el que nunca me he acostado. Miro mis manos, que son las mismas manos, pero se sienten distintas; enciendo un tabaco, respiro la brisa, tomo una taza de café... siempre los mismos escenarios, las mismas luces, los colores desteñidos o demasiado brillantes; las mismas preguntas, los mismos anhelos, o quizás otros ¿Quién sabe?. 
Suelo preguntarme, no respondo pero llevo un secreto en la sangre... algo mío, algo que sé y no me doy cuenta, algo que descubro y luego despierto y vuelvo a perder. Y encuentro maravillas, y me hundo en desastres, lucho conmigo y me uno a mi misma todo el tiempo; en lo alto de un mundo muy bajo pero vertiginoso, en el silencio de la noche y los anhelos de lo mismo; la repetición edulcorada que no cansa a la lengua, y la deja degustar el momento una y otra vez, y otra, y otra.